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Lo que oculta la última colección de Alexander McQueen

Foto de Raimon Ezquerra.

Siempre que recorro la calle Jorge Juan de Madrid no puedo evitar detenerme en una tienda de zapatos que personalmente me fascina, ya que para mi esta boutique es un paraíso para las fetichistas del calzado, porque allí se encuentran verdaderas joyas que han desfilado sobre la pasarela internacional o “posado” en los especiales de moda. No les miento. Los diseños más imposibles y vanguardistas los he visto allí.

Ha sido precisamente esta semana cuando asomando mis ojos por el cristal me quedo observando un botín negro de cuero de la última colección de Alexander McQueen de cuya plataforma emergía una enredadera dorada y metalizada de calaveras y formas espectrales. Me es familiar, lo había visto en fotos pero no “en persona”. Luego me detengo a detallar, también “en persona”, los bolsos de esa misma colección… Las mismas calaveras, los mismos metales, las mismas formas espectrales y una gama cromática oscura, gótica y lúgubre… A lo que me pregunte ¿Qué le pasaba a Alex por dentro?

Su última colección otoño-invierno 2010 es para mi una de las mejores y más brillantes que se han concebido este año. No sólo por lo compacta, coherente y bien ejecutada que resulta esta colección, sino porque habla por si misma. Me atrevo a decir que desvela aspectos intrínsecos de este genial  y por lo general, incomprendido diseñador que se quitó la vida en febrero a una semana de presentar en la Semana de la Moda de Londres lo que sería su legado final, una colección titulada “Hells Angels”.

McQueen como creador siempre fue outsider, irreverente y oscuro. Tres cualidades que le han convertido en uno de mis diseñadores favoritos desde que irrumpió en la industria de la moda en los noventa con esos volúmenes y ese dramatismo tan característico de su estilo, muy vilipendiado por los “críticos”. Sin embargo la última propuesta que diseñó, a mi modo de ver, va más allá de concebir un concepto estético para una temporada,  creo que habla más de él mismo y de lo que le pasaba, que de la moda.

Llevo desde febrero con ganas de compartir esta especie de psicoanálisis que me he montado en torno a esta colección de Alexander McQueen. No quería jugar a Freud, porque respeto demasiado a este diseñador y a su obra, pero cuando vi ese botín y sus detalles, me entró la valentía intentar leer entre líneas lo que él quería decir en “Hells Angels”.

Se que no es un tema de actualidad, por lo que posiblemente esté en los “out” de las revistas, pero me apetece hablar más del mensaje de esta colección y lo que puede haber  detrás de ella,  que perder  el tiempo en escribir sobre si el rojo, los abrigos camel o el “new look” concebido por Dior en los 50, están de moda para este otoño.

Esqueletos, estampados con auras espectrales, ángeles, demonios y un claro coqueteo con la estética faraónica del Imperio Egipcio,-cuya cultura como sabemos, se concentraba en el culto de la muerte-. Reflejan a un McQueen con inquietudes más místicas que terrenales, a la búsqueda de cosas y respuestas que el mundo, valga la redundancia, terrenal, no era capaz de darle. Podría decirse que este creador no dejó una línea de ropa o una propuesta de estilo para los próximos seis meses, sino una obra con un mensaje, de un hombre con fuertes inquietudes espirituales, que las traslada en una colección con ricos detalles barrocos que recuerdan un poco al inquietante universo de Dante y sus nueve infiernos.

He allí su genialidad y su grandeza como diseñador. Alexander McQueen halló en la moda su vehículo para comunicarse, por eso siempre diseño lo que le dio la gana, rompiendo con los moldes y los cánones de lo políticamente correcto, para pesar de sus detractores y beneplácito de quienes nos gusta ver la moda con otros ojos.

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Archivado bajo Moda y estilo de vida