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L’Oreal, el “culebrón” del verano

"Falcon Crest", todo un clásico de los "soup opera" estadounidenses.

Parece sacado del guión de una telenovela al mejor estilo de los “Soup Opera” de los años 80 como “Dinastía”, “Falcon Crest” o “Dallas”, en donde el glamour, el dinero y el poder  se funden en una enrevesada historia de intrigas, protagonizada por la mujer más rica de Francia, su hija, un fotógrafo con vocación de vividor, un mayordomo, la contable de la familia y la esposa de uno de los hombres fuertes del gobierno de Nicolas Sarkozy.

El reparto no podía ser más digno de un verdadero culebrón, así que he de confesar que como buena latinoamericana la trama que gira en torno a Madame Liliane Bettencourt, propietaria del imperio cosmético L’Oreal, me ha tenido simplemente enganchada y distraía de mis deberes como observadora del fashion system.

No es muy frecuente que dentro del lobby de la industria de la moda,-léase los propietarios de grandes firmas-, se encuentren en el “Ojo del huracán” público, ya que la discreción suele ser un código dentro de las élites de este mundillo.  Sin embargo, esto no  es un pasaporte diplomático que otorga inmunidad ante escándalo.

Pobre Patrizia... De Gucci a una penitenciaría de Milano.

Quizá el melodrama fashion que más sonó en la prensa mundial fue el caso de Patrizia Reginiani. Una maravillosa italiana,-muy al estilo de Alexis  Carrington (Joan Collins) en “Dinastía”-,  que por despecho contrató a unos sicarios para que cocieran a balazos a su ex marido Maurizio Gucci,  heredero del imperio que lleva su apellido. Un apellido salpicado por escándalos de evasión fiscal, contrabando de divisas, fraude, avaricia y por supuesto sangre.

Así que a la “divina de la muerte” Patrizia, le tocó reemplazar sus relucientes diamantes y sus exquisitas pieles de chinchilla, por el nada “chic” uniforme de la cárcel para cumplir una condena de 29 años. Definitivamente, un final propio de las “malas, malísimas” de la telecunlebras.

El caso L’Oreal, si bien no tiene los condimentos del mencionado melodrama italiano, no deja de despertar fascinación entre los “mortales”, más aún si posee el “allure” francés. Habrá que esperar al siguiente capítulo para enterarnos qué  le deparará el destino a Madame Bettencourt, porque créanlo o no, “Los ricos también lloran”. Mientras les dejó con mi querida “Alexis” que hasta para tomarse una copa en casa aplicaba el dicho de “primero muerta que sencilla”¿Te apuntas a estos modelitos?

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¿Qué personaje de ‘Sex in The City’ eres?

Imagen de HBO

Yo soy Charlotte. Una romántica optimista incurable, idealista, llorona y naïf que cree fírmente en el amor y en las “medias naranjas”. Me decanto por la intemporalidad de las prendas clásicas y el aura chic del vintage, los perfumes con esencias florales, el maquillaje natural y las diademas para el cabello.

Sí, digamos en cierta medida, tanto mi personalidad como mi look tiene ciertos rasgos de “miss York”, aunque por mucho tiempo me negaba admitirlo porque veía imposible que una fanática de Pink Floyd y Jethro Tull, tuviese algo en común con alguien tan “fresa” y “lady” como ella, pese a la reiterada insistencia de mis amigas. Pero lo cierto es que existe un paralelismo entre la siempre impecable e inocente Charlotte con esta servidora, aunque me cueste confesarlo y trate de evadirlo a punta de Iron Maiden.

Pese a ser una fiel seguidora de la serie de televisión a lo largo de estos años, me percaté de esta comparación la semana pasada cuando aproveché una esa raras tardes que tenía libre para irme al cine y disfrutar de unas buenas palomitas de maíz en compañía de Carrie, Samantha, Miranda y Charlotte en Sex in The City 2′.  Pese a ofrecer un festín maravilloso de estilismos de las Mil y una noches’, sólo apto para bolsillos privilegiados, lo cierto es que la película pone sobre la mesa circunstancias más humanas por las cuales nos ha tocado atravesar más de una vez.

Imagen de HBO

Al ver mi querida Charlotte encerrarse en la despensa para llorar, me vi a mi misma cada vez que la impotencia me domina. Sí suelo aislarme y encerrarme a llorar a moco tendido cuan“dama en desgracia” cuando ciertas situaciones me superan y no quiero que la gente que adoro como mi familia, mis amigas o mi novio se vean afectados. Digamos que me guardo las cosas en una cajita  verde de ‘Tiffany’s’ cuyo lazo blanco es una sonrisa optimista de “todo irá bien”. Basta que una Miranda a punta de cócteles me fuerce a purgar todas las cosas que llevo guardando por dentro.

Lo divertido de ‘Sex in The City’ es que una llega a verse a sí misma en los rostros de estas cuatro mujeres pero en una versión más realista, por no decir cutre, y sin el guardarropa de Saks Fith Avenue,- les invito a echarle un vistazo al “austero” closet de Bradshaw. Todas tenemos un poco de Carrie, Samantha, Miranda y Charlotte, pero una pesa más sobre nuestra personalidad y estilo. Yo soy una romántica optimista incurable, idealista, llorona y naïf,  que trata a sus mascotas como hijos, adora el allure del vintage y cree las relaciones de pareja, al mejor estilo “miss York”. ¿Y tú?  ¿Cuál de las cuatro eres?

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¡ARRIBA LAS CURVAS!

¡Sí! Al fin puedo decir esta frase en mayúsculas y con signos de exclamación, porque las curvas dejaron de ser el factor proscrito de la moda para convertirse en moda. Todo esto gracias al fenómeno Tara Lynn, una magnífica modelo de talla XL  que este mes corona la portada de la revista ELLE en su edición francesa, en donde esta top presume de tipo y de curvas.

Tara Lynn en la sesión de ELLE Francia

Las mujeres de talla media y con formas llevamos casi cuatro décadas luchando por el ideal de la talla “0” impuesto por el fenómeno Twiggy en los 60, por lo que desde aquel entonces la moda ha llevado un cartel que dice “sólo para flacas”, desplazando a iconos de talla 42-44 (10-14 talla americana) como la mítica Marlyn Monroe que tantos suspiros como tintes de rubio inspiró.

Pero gracias al auge de artistas de voluptuosa fisionomía como Beyonce, Rihanna o Jennifer López, la moda se está reivindicado y con creces, con nuestras redondeces. Un mérito que le debemos sobre todo a J-Lo quien jamás ha tratado de ocultar y menos, liposuccionar, su portentosa retaguardia. Sin embargo, dentro de este club entra otro grupo de chicas, que a diferencia de la divas antes mencionadas, no tienen precisamente su peso a raya, al contrario.

Tanto Lynn como la vocalista de la banda de rock indie The Gossip, Beth Ditto, son un claro ejemplo de que tener kilos extras no es impedimento para ser fashion e imponer tendencia. Ellas han convertido la “anti-moda” del sobrepeso, en un sello personal que las diferencia del resto, sino observen a Ditto, cuya anatomía no ha sido obstáculo para desarrollar un look transgresor y vanguardista que la han convertido también, en chica de numerosas portada.

Beth Ditto la vocalista de "The Gossip"

Así que a botar aquella ropa  ancha, sin vida ni color a la que se suele recurrir para supuestamente ocultar nuestros “michelines” para vernos “y que” más delgada. No hay peor formula para las chicas curvilíneas que ocultar el cuerpo y el autoestima en toneladas de ropa oscura e insípida, porque siempre el efecto es el contrario al deseado.

Una buena amiga quien me confesó su pelea de años con la báscula me dijo que el “peso ideal es aquel con el que te sientas muy bien y te veas fenomenal”, ya que una cosa es el peso saludable y otra muy distinta machacar al cuerpo a costa de la salud para llegar a una medida y a una contextura que no le corresponde a su naturaleza, bien sea para copiar el look de las celebrities, complacer los cánones de la sociedad o captar la atención del hombre que nos gusta.

Insisto, la primera regla de estilo es ser fiel a uno mismo y esa fidelidad comienza por darle una tregua a nuestro cuerpo a través de prendas que nos sientan bien y favorezcan nuestras formas. Y es que  como demuestra la ELLE francesa, la moda ha dejado de ser sólo cosa de flacas. Que lo diga Elena Miró.

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Legginmanía: de lo “it” a la abominación

Durante mi periplo en los espacios de la Cibeles Madrid Fashion Week me puse a observar a las personas allí pululaban. Era inevitable no percatarse de la vestimenta de la gente, debido a que en cada esquina del pabellón 14 de IFEMA se respiraba moda, y aunque he de confesar que vi muchos look interesantes y muy guapos, también me topé con más de una abominación, cuyo común denominador resultó ser una sola prenda: el leggin.

Leggin "Matrícula de Honor".

No soy enemiga de este atuendo tan frecuente en el guardarropa de otoño e invierno, de hecho creo que hay quienes,- como la chica de la foto de la izquierda-, saben lucirlo con mucha clase y estilo. Sin embargo vamos a sincerarnos, no le queda bien a todo el mundo, sobre todo a quienes presumimos de curvas (sí me incluyo en el club), y más aún si la formula a aplicar no es precisamente la que podría funcionar a la mayoría de las mortales: el del leggin convencional en tonos sólidos, que lucen muy cool con vestidos cortos suelos, camisas o jerséis largos.  Al contrario, la apuesta en los alrededores de la pasarela Cibeles se decantó por los leggins de llamativos colores y estampados, bien sea de algodón, encaje o de lycra ¡Vamos! Que ni sacados  del departamento de utilería del programa de fitness de Jane Fonda en los 80.

Tales visiones me generaron una especie de “caspa” visual que empeoraba a medida que veía a este “fetiche” de la moda en todas sus variables. Algunos terminaron siendo fallidos experimentos que terminaron en desastres como los que verán a continuación.

El “Tropi-leggin”:  El calentamiento global no sólo está causando estragos en el medio ambiente, sino también en la moda y para muestra un botón. Una cosa es promover el fashion sostenible y otra muy distinta recurrir a la ecología para cargarse un look entero.

El “Wild-leggin”: Insisto, no tengo nada en contra de los prints con motivos animales, aunque me meta mucho con ellos, es más tengo unos zapatos de leopardo que me encantan, pero de allí a llevar el estampado de este animal al leggin con el rosa “Barbie” como fondo, es demasiado. En vez de “andar”, ruge.

El “Choni-leggin”: No me termina de convencer el tándem de leggin- mini falda y leggin-short, aunque tal combinación se ha convertido en la tendencia urbana de esta temporada. Pero la suma de dos prendas tan difícilmente favorecedoras para el 65% de la población femenina a nivel mundial, sólo puede augurar una cosa: el desastre como este “bicolor” en amarillo y negro. Absolut “Choni”.

Lo peligroso de este atuendo es la delgada de la línea fronteriza que divide lo chic de lo vulgar. Si se lleva a conciencia de que sienta bien a nuestra figura, con las prendas y accesorios adecuados, la formula siempre será ganadora, de lo contrario es mejor alejarse de la “legginmanía”, riéndose de ella. Así que les dejo al ritmo de “Physical” de Olvia Newton John para ver si aún apuestan por la lycra o el “vinilo”. ¡Feliz fin de semana!

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¡Horror! El look “Caja fuerte”: sólo conoce la combinación quien lo luce

Este concepto es muy extendido en Venezuela y quizá en otros países de América Latina para referirse a aquellas personas que salen a la calle con un estilismo tan incoherente  en cuanto a colores, texturas o estampados, que no se sabe a ciencia cierta si se disponen a ir al trabajo o a una quincalla. Lo peor es que juran que se la están “robando el show” con un look ecléctico y vanguardista.

Confieso que no soy amiga de los convencionalismos y mucho menos de las reglas cuando se trata de moda. De hecho las tendencias que más han innovado e influenciado nuestra manera de vestir nacieron de la transgresión a la norma; sin embargo existe una gran diferencia entre desarrollar un estilo único que resulte un apéndice de nuestra personalidad y verse ridículo, algo que sucede con más frecuencia de lo que imaginamos  por tres sencillas razones:

  1. Porque somos víctimas de la moda y buscamos “mal” imitar los estilismos de iconos del fashion televisivo como “Sex in the City” o “Gossip Girl”,  al extremo de preguntarle al espejo, cuan madrastra de Blanca Nieves ,“espejito, espejito ¿quien es la más divina de la muerte del reino?”.
  2. Porque no sentimos “outsider” y la moda es una manera de reflejarlo; razón por la cual nos aferremos a una forma de vestir con la que nos auto convencemos que es la que más nos identifica, aún cuando a lado nuestro, Freddy Kruger llega a verse hasta más “chic” que nosotros.
  3. ¿Un espejo? ¿Con qué se come eso? Con tal de no salir en “pelotas” a la calle, todo bien.

La visión para concebir un estilismo particular y difícilmente imitable, si bien esta sujeta la habilidad de reconocerse y diferenciarse del resto, depende del sentido común y la honestidad que se tenga para saber cuándo una fórmula funciona y cuándo no. Patricia Fields, a quien considero una de las grandes “alquimistas” de la moda, parte de la premisa de que hay que experimentar y arriesgar, pero siendo siempre fiel a la esencia personal.

La responsable de la imagen del muy venerado personaje de Carrie Bradshaw y Cia., sostiene que a la hora de mezclar se debe tomar en cuenta dos elementos fundamentales: la armonía y la proporción. De lo contrario el resultado va a ser más semejante a una carpa de circo que a un look aproximadamente cool. Y que lo diga el gurú de los blogers de moda, Scoott Schuman, mejor conocido como “The Sartorialist”, cuya cámara ha captado los estilismos más interesantes y menos convencionales de las calles de Sao Paulo, Nueva York, Milán, Londres, París, Madrid o Barcelona. Aquí les dejo con algunos de sus tips para que tomen nota.


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¡Auxilio, hay monstruos en mi armario!

Más allá del imaginario popular, Pixar y de las fobias infantiles, los monstruos del closet existen y están allí, porque forman parte inherente de nuestro guardarropa. Sí señores, son aquellas prendas abominables, que por razones emocionales o por mera costumbre, nos empeñamos en conservar en las profundidades de nuestros armarios, como un testimonio nostálgico de nuestro propio mal gusto, o peor aún, de aquel que nos regaló semejante adefesio.

Pero también la colección de bichos raros que pueblan nuestra particular “jungla fashion” se compone de piezas con las que tenemos un profundo apego que, pese al paso de los años y al uso excesivo, nos vemos incapaces de tirar a la basura,  ya que somos víctimas de la psicótica sensación de que esa camisa o ese par zapatos que adoramos con locura,  nos dice con su voz dulzona y alienígena: “noooooo, no nos botes, te queremos”, en el preciso momento que nos disponemos  a emprender una expedición por nuestro armario para ordenarlo.

En el “safari” podemos llegar a encontramos con especímenes tan peligrosos para nuestra imagen, que nos hace preguntarnos el porqué fuimos capaces de salir a la calle con semejante “ejemplar”,  que ni el Museo Natural de Historia de Londres o el Smithsonian en Washington podrían llegar a “clasificar”.

En mi caso particular recuerdo haber lucido para la boda de una amiga en la playa un monstruo en seda rosa con un prominente estampado de flores en tonos chicle y fucsia, con el que, además de verme 7 kilos más gorda, me veía como “Tarta de fresa”,- “Fresita” para los que están al otro lado del charco-. Sólo me faltaba el gato o estar acompañada del “Panadero de Ciudad Pastel”, para terminar de completar el “cómic”. De acordarme me entran escalofríos.  Creo que la pobre “criatura” murió de inanición porque desde aquella vez no la he visto más, por la simple razón de que nunca fui a recogerla en la lavandería donde la dejé para que la acicalaran. Pobre…

Y no hablemos de los engendros que habitan el cajón de la ropa interior. Cuántas veces no nos topamos con estos “seres” deshilachados, curtidos, rotos y re-usados, que son tan nocivos para el autoestima y el allure sexual, que resulta un buen “pesticida” para neutralizar cualquier síntoma de sensualidad en tu vida.

Sin embargo, he de confesar que ha habido otra clase de bichos que si conservé con mucho cariño como si se tratase de piezas “vintage” y dignas de ser guardadas, a las que me aferraba como si fuera una réplica del bolso “Chanel 225”, hasta que descubrí la catarsis y el sentimiento liberador que se siente cuando se sanea el armario.

No se trata de la simple acción de darle más espacio a tu closet, sino de abrir tus propio  espacio interior para el cambio, que por lo general, comienzan por lo más fácil: la apariencia. Si se tiene el armario desbordado de monstruos viejos, desgastados o sin estrenar de los que no te quieres despegar, será muy difícil que cosas nuevas tengan cabida dentro de él.  Aunque no lo creas, darse a la tarea de limpiar y actualizar el guardarropa va más allá del acto banal de estar siempre a la moda. Es una terapia que nos recuerda la importancia de darle un cariñito a nuestra imagen, porque verse y sentirse  fabulosa(o) no tiene nada de malo, porque como diría Martín Llorens, un célebre estilista de Miami: “No hay excusa para no lucir bien”.

Guarda las prendas  clásicas e intemporales que valen la pena, y vístete de “safari” para cazar a los monstruos de tu armario. Unos bichos que ni la moda y mucho menos la ciencia, echarán de menos. Después de pasar el “susto”, no dudes darte un gusto con las chuches de este lugar dedicado a los “niños grandes”, así que haz click aquí para que te eches un  delicioso atracón de “gominolas de diseño”. ¡FELIZ FIN DE SEMANA!

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