¡QUÉ CO&%# ME PONGO!

Esta es la declaración de guerra que casi todas las mañanas le hacemos a nuestro armario. Una lucha descarnada que deja como saldo  una montaña de ropa recién arrugada sobre nuestra cama y un camino de zapatos que parece un sembradío de minas, en donde no hay tacón que se resista a “vengarse” de nuestros pies descalzos.

La batalla empeora si por mala suerte nos encontramos en esos días del mes en las que somos susceptibles a la “irritabilidad” crónica o nuestra masa corporal ha experimentado un leve incremento. ¡Vamos! Que lo que nos falta es vestirnos con camuflaje militar a lo Rambo e incendiar el closet con bombas Napalm, mientras reímos sádicamente diciendo “muere ropa, muere”.

Pero la realidad es que terminamos sentadas al borde de la cama, vencidas por el armario y rodeadas por las “bajas” de aquellos infructuosos estilismos que yacen en el suelo y que por alguna razón astrológica e incluso paranormal, ese día no resultaron. Lo peor de todo es que después de decidirnos por un look, el armario sigue su campaña beligerante contra nosotras, porque nos resulta difícil sentirnos “lindas” con nuestra elección y terminamos decretando ese día el más profundo odio hacia nuestro guardarropa.

¡Atrévete con los complementos!

Sin embargo no todo está perdido y es posible firmar un “Pacto de no agresión” con el closet, y no precisamente con un makeover del mismo, pese a que es una solución para las que no lo han “saneado” en siglos.

Cuando estoy en esos días en que me siento más “Stalone” que “Chanel” no sólo recurro a mi uniforme de batalla,  aquellas prendas de siempre que nos favorece y nos aburre a la vez; también contraatacó con algo tan sencillo como colgarme un collar en el cuello, ponerme una diadema sobre la cabeza o subirme en unas plataformas. Los complementos pueden suponer una “misión comando” para estos días y el mejor recurso para subirnos la “moral”.

Marca la diferencia a con un toque personal

Aunque no lo crean jugar con nuestro estilo a través de unos zapatos, una bandolera o unos pendientes, nos ayudan a ver el “frente de batalla” desde otra perspectiva, para que podamos regalarle al espejo una sonrisa en vez de ese ceño fruncido que hace que seamos incapaces de vernos a nosotras mismas guapas y terminemos pagándola con el armario.

Así que cierro esta entrada con una inteligente frase de Gabrielle Bonheur, mejor conocida como “Coco Chanel”:

“La moda se pasa de moda, el estilo jamás”.

¡Feliz fin de semana

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Archivado bajo Moda y estilo de vida

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